Por qué el Fortnite es más dañino para tu hijo de lo que crees y cómo gestionarlo

  • Produce un aumento en la dopamina que alimenta el circuito de la recompensa cerebral, lo que provoca sensaciones muy agradables en el jugador
  • La autoestima del niño o el adolescente queda en manos de su habilidad para deshacerse de sus contrincantes
  • El estado de ansiedad que produce la combinación de guerra, retos y obtención de premios activa el circuito cerebral de la recompensa

SÍNTOMAS DEL ‘ENGANCHE’

  •  “El niño/a o adolescente pasa mucho tiempo encerrado en su cuarto y deja de participar progresivamente de la vida familiar“.
  •  “Se observan cambios en los hábitos cotidianos; se modifican los ciclos de sueño, cambios en los horarios de comida, abandono del autocuidado”.
  • “Se produce aislamiento social. El niño/a o adolescente sale menos de casa para compartir actividades con sus iguales”.
  • “Pueden aparecer conductas agresivas o disruptivas sin justificación aparente”.
  • “El niño/a o adolescente muestra cansancio y un aspecto demacrado (en el caso de pasar muchas horas jugando y trasnochando)”.
  • “Se puede producir una disminución del rendimiento académico, así como conductas desadaptativas en el entorno escolar (en ocasiones, los profesores advierten cierta dejadez y abandono en el cumplimiento de las tareas académicas)”.
  • “El niño/a o adolescente parece abstraído, disminuye su participación en la familia y parece tener prisa por abandonar lo antes posible cualquier actividad que no sea la de jugar“.
  • “Progresivamente, pueden aparecer mentiras y gasto de dinero injustificado”.
  • “El niño/a o adolescente crea contactos con nuevas personas que no pertenecen a su entorno inmediato”.
  • “Se observa pérdida progresiva del interés por actividades que históricamente le resultaban gratificantes al niño/a o adolescente”.
  • “Se produce una tendencia al incumplimiento de las normas en el entorno familiar”.
  • “Se observan cambios en el estado de ánimo (tendencia a la tristeza y a la agresividad), así como una aparición de estados de ansiedad y nerviosismo”.
  • “Pueden aparecer conductas de injustificada susceptibilidad y, en ocasiones, suspicacia paranoide“.
  • “Los gustos del niño/a o adolescente sufren cambios repentinos, con una tendencia al interés sobre temas bélicos y agresivos“.
  • “Pueden aparecer síntomas de ‘craving’, es decir, fuertes sentimientos de ansiedad y deseo por jugar o estar en presencia del videojuego”.

¿QUÉ PODEMOS HACER?

¿Cómo los podemos desenganchar? ¿Qué hacemos si lloran o se ponen violentos? “En primer lugar, una vez que detectemos que el menor presenta síntomas de ‘adicción’ al Fortnite u otro videojuego, es importante transmitirle nuestra preocupación y hacerle consciente del problema. Una vez hayamos mantenido este contacto con él, debemos tener en cuenta que el cambio ha de ser progresivo, no podemos pretender que deje de usar un videojuego de la noche a la mañana”, indican.

Si no se ha hecho antes, es necesario “establecer un horario y reglas específicas, y cumplirlos sin excepción“. Alba García Rasero y Rosa Portero Ruiz recomienda, por ejemplo, que “el uso del videojuego sea en un espacio común en casa, de manera que podremos ver con quien habla y la manera en que se comunica”. Con respecto a esto, es muy importante “establecer consecuencias claras en caso de incumplir las reglas y horarios”.

Es posible que al menor le cueste dejar de jugar de manera inmediata, “por lo que se puede establecer una rutina de transición (por ejemplo, tener preparada una actividad compartida para llevar a cabo en el momento de acabar de jugar al videojuego)”. Por otra parte, hay que fomentar “otro tipo de alternativas al uso de videojuegos, como el tiempo al aire libre, con familia y amigos”.

Las rabietas y comportamientos violentos son frecuentes ante este nuevo cambio, especialmente si antes no existían límites. “En estos casos, es importante mantener la calma, ignorar los comportamientos de llamada de atención (generalmente conductas agresivas) en la medida de lo posible y reiterar las consecuencias de éstos”.

Por otro lado, es fundamental que “los padres mantengan un criterio único a la hora de establecer las reglas y permisos para jugar. También resulta de importancia restringir el acceso a contenido relacionados con los videojuegos”.

Una vez más, es fundamental predicar con el ejemplo. “De nada sirve establecer normas, límites y sanciones en el menor si los adultos pasan horas delante del ordenador aunque sea para actividades no lúdicas, ya que los niños/as más pequeños no entienden la diferencia en cuanto al uso del ordenador, móvil o Tablet”.

Otro consejo muy eficaz es “reforzar positivamente cualquier conducta diferente a la de jugar o incompatible con ésta”. Se trata de “hacer sentir al niño/a o adolescente importante, transmitirle que su integración en el medio social no puede depender únicamente de compartir un videojuego”. Para conseguirlo, puede ser útil hacer que “el menor se integre en grupos de actividad fuera del contexto académico y familiar”.

Por último, estas psicólogas de Center Psicología Clínica recalcan la importancia de desechar aquello de ‘la letra con sangre entra’: “La mezcla de afecto y normas es la mejor forma de educar en valores desde la responsabilidad. Conviene explorar los motivos más profundos por los que el niño/a o adolescente se ve impulsado a un juego compulsivo. Si resulta difícil desentrañar tales circunstancias, lo mejor es consultar con un profesional”.

Fuente:
https://www.elmundo.es/vida-sana/cuerpo/2019/09/09/5d3ae00dfc6c83a25c8b462a.html

Añadir un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Ir a la barra de herramientas